Octubre - Noviembre 2007


Suscripciones

Editorial
El placer de contar historias

BLOC es el resultado de un esfuerzo conjunto de un grupo de periodistas independientes que impulsan  Muckrakers S.A. de C.V., una empresa editorial que nace para contar historias. La oferta principal del grupo editor de BLOC es el rigor en las piezas periodísticas que presenta a sus lectores. Un decálogo ético marca la pauta de su trabajo y un consejo editorial verifica los datos que aparecen en sus textos. BLOC recupera la mejor tradición de la investigación y la narrativa periodística y da cabida al relato literario. BLOC es una revista que se nutre del reportaje y la redacción pura del periodismo interpretativo, del ensayo periodístico y la libertad del autor para profundizar en los temas y las historias narradas, del testimonio y los retazos de memoria, del documento, del perfil y el retrato producto de la investigación periodística, de la entrevista de largo aliento y de la crónica que cuenta la coyuntura y la vivencia.

 

 

Ilustración: Almighty

 

Rating

Por César Figueroa

Ximena ya no existe las 24 horas del día; Rigo tampoco. Quizá ya sólo pueden ser parte de su vida cuando Miguel toma el control de la televisión y transita por canales y anuncios como una de las maneras más pueriles para tratar de acercarlos. Formas de chocar con los extremos de lo patético. Ya se han ido, pero en ocasiones a Miguel se le aparecen como cuando es Ximena en los anuncios de tintes o cuando halla a Rigo con la campaña de los de la antirrábica. Esos encuentros no siempre ocurren; suelen dársele sólo por coincidencia. Pero cuando se dan, Miguel tiene listo el otro control, el del rating, para sentir cerca de su familia, y evadir el sentimiento que le indica que los ha perdido.
En la televisión anuncios, película, documental, otra vez anuncios, espectáculos, programa de revista. Miguel se detiene ahí porque supone que Ximena lo elegiría por rutina. Por las mañanas solía tener la televisión encendida para no sentirse sola.
Ese ruido era como si escuchara no a un aparato sino a otra persona, no por los personajes o conductores, sino la tele misma como un ser que le brindaba compañía. Podían transcurrir varias horas y la televisión no se apagaba. Así lo hacía pese a no verla, ocupada en algún asunto de la cocina o al estar arreglando el patio.
Era una especie de compañero no tan incómodo, no tan molesto, que, en un momento dado, se eliminaba a través del control remoto. Ximena iba construyendo así ese rating matutino de ama de casa de clase media, colonia popular de provincia, que sólo habría de tener algunas pausas al medio día en que salía a comprar el mandado o que iba a recoger a Rigo. Más adelante era él quien variaba el rating cuando comenzaba con las caricaturas y más tarde Miguel con programas diversos.
En la pantalla una gorda lee horóscopos y da consejos para afrontar el día. Sí, se trata de tranquilizar Miguel, ella tendría que ver la tele sola, no podría ser de otra manera. Y la gorda habla de recetas infalibles para retener el amor mediante ciertos amuletos que debían frotarse por todo el cuerpo. Rito nocturno que Miguel experimentó algunas veces. ¿Cuánto de esa pantalla era Ximena, cuántas de las recetas que él disfrutó, cuántas de las caricias que le proporcionaba fueron sugeridas desde aquel aparato? ¿Era él el único que las disfrutaba? Se lo pregunta al ojo del aparato del rating, pero sabe que ahora no le va a contestar porque desde hace días permanece cubierto por una tela oscura.
La gorda termina. Desea a todos buena vibra. El conductor manda a comerciales. Ximena siempre fue seductora por naturaleza. La conoce desde la secundaria, cuando forraba sus libretas con fotos de Jim Morrison o Brad Pitt, que escuchaba Guns and Roses y que se soñaba follando con Axl Rose. Escuchar ahora sobre detergentes para trastes que ya no han de ser de polvo, pregona el comercial. Ella dejó de ser virgen en el último año de la secundaria. El Cholo Garibay fue su novio. Duró con él hasta el primer año de preparatoria. Estufas, línea blanca, todo regalado en esa tienda que supera a la competencia. El padre de Rigo vino después. Un abogado que trabajaba en una casa de empeño. Le prometió casarse, hasta le regaló el anillo, pero al final de cuentas no hubo matrimonio, tal vez porque, desde hacía algunos años, él ya se había casado.
Promocional de una telenovela: siete de la noche, canal de las estrellas. Eso le recuerda a Miguel que esta tarde no debe perdérsela. No importa mucho la trama, sólo sentir cerca a Ximena. Ver telenovelas le permiten imaginarla sentadita y muy inmiscuida en esa historia. Le da ternura pensarla llorando a veces, indignada otras, siempre al pendiente de esa trama de televisión. Don Rigoberto, el papá de Ximena, siempre desconfió del abogado con razón. Su hija no acabó la preparatoria por el embarazo. Todos dicen que ella cambió desde entonces, más todavía cuando se dieron cuenta que el niño tenía algún retraso mental. Tan se había dado el cambio que Ximena, la amante de la música del metal y el rocanrol, terminó poniéndole a su hijo el mismo nombre de una de las luminarias populares. Por su padre, claro está, pero uno no deja de pensar en el creador del sirenito. Situa-ción de la que no se dejaban de burlar sus amistades, aunque a ella no le molestara. Miguel siempre estuvo ahí, tuvo la paciencia de no alejarse después de tantos rechazos. No, ella no sería capaz de engañarlo.
La letrilla de entrada y ahora es la conductora que vuelve a cuadro para mandar a la sección de aeróbicos. Qué monótonas podían ser esas mañanas plagadas con esas imágenes y consejos. Pero la televisión está llena de equívocos y de alejamientos. Por eso no es nada raro que a Miguel le corra alguna lágrima mientras observa el ejercicio para fortalecer los glúteos.
“Me buscó el papá de Rigo para pedirme perdón –le dijo Ximena mientras Miguel lo imaginaba bajando de algún BMW o cualquier otra marca–. Ya le dije que estoy casada. Te lo digo para que no vayas a pensar tonterías si algún chismoso te dice que me vio hablando con él.”

Lea texto completo en edición impresa

 

 


 


en Revista Bloc Web
 
Foto
UNA CUENTA PENDIENTE
Desde diciembre pasado el ex presidente Vicente Fox y su esposa Marta Sahagún duermen en una casa construida en el rancho La Estancia, en Guanajuato. Una construcción que a la fecha se ignora cómo fue financiada.