Cuando se habla de periodismo, en cualquiera de sus expresiones, se habla indiscutiblemente de la humanidad y sus conjeturas. Sin embargo, hoy más que en ningún otro tiempo, el periodismo puede ser una actividad altamente singular no por el desdoble que expresa en la prensa escrita, la radio o la televisión, sino más bien por la fuerte composición que tiene que ver ante lo que el hombre hace y lo que enfrenta en sus actos. Cada hombre tiene una conciencia individual que está condicionada por todos los componentes sociales, por todo aquello que le representa -ideas políticas, filosofía, estética, religiosidad-. El periodismo también suele ser parte de estos mecanismos. Las sociedades de hoy tienen en su haber un tipo de periodismo que juega, para bien o para mal, un papel simbólico. Tanto que hablar de globalidad no tendría sentido si no se acude a saber o investigar lo que pasa en las pequeñas porciones territoriales donde la humanidad tiene un asiento: Medio Oriente, Afganistán, Ruanda; o por los hechos con los que se reconoce, incluso, a sí misma: migración, terrorismo, narcotráfico, devaluación, pobreza y más.
El periodismo puede presentar esa vitalidad. Pero es una vitalidad que tiene en su contra a la inercia informativa, los mecanismos mercantiles que explican desde su propia lógica. Porque ante la saturación, la superficialidad con que se tratan a veces los hechos, ante la estructura que mantiene firme y conforma una cadena interminable, valdría la pena recuperar la fe en el periodismo: pensarlo como misterioso camino para entrar en ella. Fe a partir de un periodismo que investiga, redimensiona la categoría humana y transforma la vida. El periodismo que tiene esa fortaleza puede verse como un constitutivo que se mueve en la ética, que socializa y explora nuevas formas de comunicación. Tal es una de las propuestas de esta revista.
Si constantemente entendiéramos al periodismo que mira o descubre como un hecho de fe, estaríamos con otras posibilidades de acercarnos al mundo; y es que si el periodismo es un acto humano se requiere en todo momento dotarlo de confianza. El hombre necesita crecer y creer; desarrollarse en la fe con sí mismo, asumirse en su religiosidad, pero no la que emana de las iglesias, sino en su ritualización de lo cotidiano. Fe y acto social del ejercicio de estar vivo en una estructura periodística vigente y de confianza. De ahí pensar si el periodismo ha sido un acto participativo o una mera casualidad.
¿-Cuál es la obstinación de BLOC de ser y estar en un periodismo que investiga y que propone, de explorar lo individual y llevarlo a la colectividad en algo que realmente pudiera no tener sentido en virtud de que el mundo de hoy lo vemos y lo entendemos como un todo asimbólico? La razón es simple: el periodismo que construimos es una forma de enfrentarnos a lo mundano, es un proceso individual que matiza nuestro paso por la historia. Es cierto que la individualización en un sentido amplio no es nada nuevo, nada que se haya dado por primera vez, que todos los periodismos quieren ser protagónicos pero terminan siendo agónicos. Aquí sólo podemos construir lo individual de lo que queremos en el relato, en la narrativa, en la lectura misma que todos hagamos de ella.
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